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Evidencia científica para la vida real

Cómo dejar de sobrepensar: por qué tu mente da vueltas y cómo salir del bucle

Si tu mente repasa la misma conversación una y otra vez, no estás exagerando. Te cuento por qué pasa y qué ayuda, con evidencia, cuando la cabeza no se apaga.

Josseline Chauez

Psicóloga clínica y psicoterapeuta · Magíster en Psicoterapia (UDLA)

Publicado el · Lectura de 6 min

Este artículo es informativo y no reemplaza una consulta profesional. No es un servicio de emergencias. Si estás en crisis o en peligro, llama al ECU 911 (Ecuador) o al número de emergencias de tu país.

¿Cuántas veces has repasado la misma conversación, palabra por palabra, buscando en qué te equivocaste?

Luz apagada, celular en el velador, y tu mente con ganas de ver una segunda temporada de la misma reunión. Si te pasa, no hay nada roto en ti. Tu mente está intentando protegerte, solo que se quedó dando vueltas en el mismo lugar.

A veces pensar tanto es la manera que encontraste de cuidarte: si lo anticipas todo, quizá nada te tome por sorpresa, y esa partecita de ti que vigila solo está haciendo lo que aprendió para protegerte.

“Sobrepensar” no es un término clínico. En investigación se habla de pensamiento repetitivo negativo, y tiene dos formas. Reconocer cuál te visita ayuda a elegir qué hacer.

¿Qué es sobrepensar? Rumiar y preocuparse

Rumiar: el bucle del “¿por qué?”

Rumiar es pensar de forma repetida y prolongada sobre ti, tus preocupaciones y lo que viviste (Watkins, 2015). Suena a “¿por qué siempre me pasa esto?”. Según la revisión de la psicóloga Susan Nolen-Hoeksema y su equipo, rumiar intensifica el pensamiento negativo y dificulta resolver problemas (Nolen-Hoeksema et al., 2008).

Preocuparse: el bucle del “¿y si…?”

La preocupación mira hacia adelante: “¿y si no me alcanza la plata este mes?”. Los principales modelos sobre la ansiedad generalizada coinciden en algo que sorprende: preocuparse funciona como una forma de evitar emociones o incertidumbre incómodas (Behar et al., 2009). Y no tolerar la incertidumbre se ha relacionado con preocuparse más (Dugas et al., 1997).

Por eso pensar tanto se siente útil: da sensación de control. Pero preocuparte y resolver son cosas distintas.

Pensar no siempre es malo

Darle vueltas a algo también puede ayudarte a planificar o a procesar un golpe. Al revisar la investigación disponible, el psicólogo Edward Watkins (2008) concluyó que importa cómo piensas. El modo abstracto (“¿por qué soy así?”) tiende a atraparte. El modo concreto (“¿qué pasó y qué hago ahora?”) suele ayudarte más a manejar tus emociones y tus problemas (Watkins, 2015).

Pensar no es el problema. Quedarte dando vueltas, sí.

6 estrategias con evidencia

1. Dale una cita a tu preocupación

Elige entre 15 y 30 minutos al día, a la misma hora y en el mismo lugar: por ejemplo, a las 18:30 en el comedor. Si durante el día aparece la preocupación por el trabajo o por la cuota del carro, anótala en el celular y vuelve a lo tuyo.

Al reunir siete ensayos clínicos, un metaanálisis vio que posponer la preocupación redujo su duración y su frecuencia, con efectos pequeños (Dippel et al., 2024). En un estudio preliminar también mejoró el insomnio (McGowan y Behar, 2013). Por eso tu cita no va en la cama.

2. Problema actual o “¿y si…?”

Pregúntate: ¿esto está pasando y puedo hacer algo hoy? “Tengo que entregar el informe el viernes” es actual: divídelo en tres pasos y empieza por el primero. “¿Y si me despiden?” es hipotético: ahí el trabajo es aprender a tolerar no saber.

Esta distinción es parte de un programa de terapia cognitivo-conductual que ayudó a personas con ansiedad generalizada, con mejoras que se mantenían dos años después (Dugas et al., 2003). Eso sí: se probó el programa completo con terapeutas, no como autoayuda.

3. Cambia el “¿por qué?” por el “¿cómo?”

Cuando te descubras preguntando “¿por qué soy así?”, cambia a “¿qué pasó exactamente y qué puedo hacer ahora?”. En terapia, trabajar la rumiación así ayudó a personas con depresión que no mejoraban solo con medicación (Watkins et al., 2011). Fue un estudio pequeño y clínico; en lo cotidiano, basta con notar qué pregunta te estás haciendo.

4. Mira el pensamiento sin engancharte

No tienes que discutir con cada pensamiento ni creerle. Puedes notarlo como lo que es: “mi mente me está diciendo que todos pensaron que dije una tontería”.

A esto se le llama defusión cognitiva, una técnica de la terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés). En un experimento con personas sin diagnóstico, la defusión hizo que los pensamientos negativos se sintieran menos creíbles y más llevaderos (Larsson et al., 2016). Todavía se está estudiando, pero puedes probarlo sin riesgo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una guía gratuita basada en ACT, Doing what matters in times of stress, disponible también en español (OMS, 2020).

5. Entrena tu atención (mindfulness)

El mindfulness (atención plena) es la práctica de volver la atención al presente sin juzgarte. En personas con depresión, programas estructurados de ocho semanas redujeron la rumiación de forma moderada, tanto como otros tratamientos activos, pero no más que ellos (Perestelo-Pérez et al., 2017).

Prueba cinco minutos en el bus, atendiendo a los sonidos. Cuando tu mente se vaya a la discusión con tu hermano, vuelve con amabilidad, sin regañarte. Funciona mejor como práctica diaria que como botón de pánico.

6. Escríbelo y termina con un paso concreto

Escribir sobre lo que te preocupa puede ayudar un poco: un metaanálisis grande encontró un efecto muy pequeño (Frattaroli, 2006). Para que no se convierta en rumiar por escrito, cierra con preguntas concretas: ¿qué necesito ahora? ¿Qué paso puedo dar mañana? Y si escribir te deja peor durante días, para y háblalo con una persona cercana.

Lo que suele no funcionar

Intentar no pensar en algo suele no funcionar. Tampoco ayuda buscar certezas preguntándole a todo el mundo o en internet a medianoche. En consulta veo que eso alivia un rato, pero el bucle sigue.

A veces sirve más volver al cuerpo: caminar, ordenar un cajón, hacer una tarea pequeña. Si la ansiedad también se siente en tu cuerpo, te comparto cinco básicos para cuidarte cuando la ansiedad se siente en el cuerpo.

Tu mente también puede descansar

Pensar mucho no te hace frágil. Habla de una mente cuidadosa que aprendió a vigilar de más.

Guarda este artículo para esa noche en que tu mente no se apaga.

Y lo que se aprende también se puede practicar distinto, un pensamiento a la vez.

Preguntas frecuentes

¿Sobrepensar es ansiedad?

No siempre. Conviene consultar cuando es difícil de controlar, ocurre casi todos los días y afecta tu sueño, tu trabajo o tus relaciones.

¿Qué diferencia hay entre rumiar y preocuparse?

Rumiar suele mirar hacia atrás y preguntarse “¿por qué?”. Preocuparse mira hacia adelante y se pregunta “¿y si…?”.

¿Cómo dejo de sobrepensar en la noche?

Dale a tu preocupación una cita más temprano, fuera de la cama, y anota lo que aparezca para revisarlo entonces. En estudios, eso redujo un poco la preocupación diaria.

Referencias

  1. Behar, E., Dobrow DiMarco, I., Hekler, E. B., Mohlman, J., y Staples, A. M. (2009). Current theoretical models of generalized anxiety disorder (GAD): Conceptual review and treatment implications. Journal of Anxiety Disorders, 23(8), 1011–1023. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2009.07.006 (se abre en otra pestaña)
  2. Dippel, A., Brosschot, J. F., y Verkuil, B. (2024). Effects of worry postponement on daily worry: A meta-analysis. International Journal of Cognitive Therapy, 17, 160–178. https://doi.org/10.1007/s41811-023-00193-x (se abre en otra pestaña)
  3. Dugas, M. J., Freeston, M. H., y Ladouceur, R. (1997). Intolerance of uncertainty and problem orientation in worry. Cognitive Therapy and Research, 21(6), 593–606. https://doi.org/10.1023/A:1021890322153 (se abre en otra pestaña)
  4. Dugas, M. J., Ladouceur, R., Léger, E., Freeston, M. H., Langlois, F., Provencher, M. D., y Boisvert, J.-M. (2003). Group cognitive-behavioral therapy for generalized anxiety disorder: Treatment outcome and long-term follow-up. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 71(4), 821–825. https://doi.org/10.1037/0022-006X.71.4.821 (se abre en otra pestaña)
  5. Frattaroli, J. (2006). Experimental disclosure and its moderators: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 132(6), 823–865. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.6.823 (se abre en otra pestaña)
  6. Larsson, A., Hooper, N., Osborne, L. A., Bennett, P., y McHugh, L. (2016). Using brief cognitive restructuring and cognitive defusion techniques to cope with negative thoughts. Behavior Modification, 40(3), 452–482. https://doi.org/10.1177/0145445515621488 (se abre en otra pestaña)
  7. McGowan, S. K., y Behar, E. (2013). A preliminary investigation of stimulus control training for worry: Effects on anxiety and insomnia. Behavior Modification, 37(1), 90–112. https://doi.org/10.1177/0145445512455661 (se abre en otra pestaña)
  8. Nolen-Hoeksema, S., Wisco, B. E., y Lyubomirsky, S. (2008). Rethinking rumination. Perspectives on Psychological Science, 3(5), 400–424. https://doi.org/10.1111/j.1745-6924.2008.00088.x (se abre en otra pestaña)
  9. Organización Mundial de la Salud. (2020). Doing what matters in times of stress: An illustrated guide. https://www.who.int/publications/i/item/9789240003927 (se abre en otra pestaña)
  10. Perestelo-Pérez, L., Barraca, J., Peñate, W., Rivero-Santana, A., y Álvarez-Pérez, Y. (2017). Mindfulness-based interventions for the treatment of depressive rumination: Systematic review and meta-analysis. International Journal of Clinical and Health Psychology, 17(3), 282–295. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2017.07.004 (se abre en otra pestaña)
  11. Watkins, E. R. (2008). Constructive and unconstructive repetitive thought. Psychological Bulletin, 134(2), 163–206. https://doi.org/10.1037/0033-2909.134.2.163 (se abre en otra pestaña)
  12. Watkins, E. R. (2015). Rumination. En R. A. Scott y S. M. Kosslyn (Eds.), Emerging trends in the social and behavioral sciences. Wiley. https://emergingtrends.stanford.edu/files/original/8a10c2a685008ac166ac7ef92e8a5b1bfad0f2b6.pdf (se abre en otra pestaña)
  13. Watkins, E. R., Mullan, E., Wingrove, J., Rimes, K., Steiner, H., Bathurst, N., Eastman, R., y Scott, J. (2011). Rumination-focused cognitive-behavioural therapy for residual depression: Phase II randomised controlled trial. British Journal of Psychiatry, 199(4), 317–322. https://doi.org/10.1192/bjp.bp.110.090282 (se abre en otra pestaña)

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