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Evidencia científica para la vida real

Cómo responder en lugar de reaccionar

Ese mensaje que escribiste en caliente y que hoy preferirías no haber enviado. Aquí va lo que pasa en esos segundos y cuatro pasos, con evidencia, para elegir cómo responder.

Josseline Chauez

Psicóloga clínica y psicoterapeuta · Magíster en Psicoterapia (UDLA)

Publicado el · Lectura de 6 min

Este artículo es informativo y no reemplaza una consulta profesional. No es un servicio de emergencias. Si estás en crisis o en peligro, llama al ECU 911 (Ecuador) o al número de emergencias de tu país.

Doble check azul. Leído a las tres de la tarde. Son las ocho de la noche y nada. Y tu pulgar ya está escribiendo algo que, en el fondo, sabes que mañana te va a pesar.

Si te reconoces aquí, no eres una persona “explosiva”. Eres alguien que siente, y esta vez la emoción llegó más rápido que tus palabras. Nos pasa a todas las personas, psicólogas incluidas.

Reaccionar es actuar en automático, desde el impulso. Responder es darte unos segundos para elegir qué hacer con lo que sientes. Vas a seguir sintiendo, y qué bueno: la idea es que la emoción opine y tú decidas.

Lo que pasa en esos segundos

Una emoción casi nunca aparece de la nada. El psicólogo James Gross describió la regulación emocional como un proceso con varios momentos para influir en ella (Gross, 1998). Puedes hacerlo antes de la situación, al elegir dónde pones la atención, al interpretar lo que pasó o al decidir qué haces después.

Me gusta pensarlo así: las emociones son información, no órdenes. El enojo te avisa que algo te importa. Lo que hagas con ese aviso sí lo puedes elegir.

Quizá has visto la frase “entre el estímulo y la respuesta hay un espacio” atribuida a Viktor Frankl. No se ha encontrado en sus libros: la popularizó Stephen Covey, y la idea se parece mucho a lo que escribió el psicólogo Rollo May en 1963 (O’Toole, 2018). El mensaje sigue valiendo, aunque la firma sea otra.

Aguantarte no es lo mismo que regularte

Quizá creciste escuchando “no llores” o “trágatelo”. Tiene sentido que callar parezca lo maduro, pero la evidencia cuenta otra historia.

Un metaanálisis de 306 comparaciones experimentales encontró que reinterpretar la situación tiende a ayudar más que intentar no sentir (Webb et al., 2012). Quedarse dándole vueltas a la emoción, en cambio, empeoró las cosas. Son efectos pequeños a moderados, medidos en laboratorio.

Las personas que suelen esconder lo que sienten siguen con el malestar por dentro y reportan relaciones menos satisfactorias (Gross y John, 2003). Un detalle revelador: cuando alguien esconde lo que siente en plena conversación, la sintonía baja y a la otra persona se le eleva la presión arterial (Butler et al., 2003). Lo que te tragas, a veces el otro también lo nota.

No tienes que decirlo todo en la mesa familiar: a veces callar es una decisión sabia. El problema aparece cuando esconderlo se vuelve la única forma de “manejarlo”. Y cuidado con el extremo contrario, porque rumiar tampoco es procesar (Aldao et al., 2010). Si te pasa de noche, aquí tienes ideas para dejar de sobrepensar.

Cuatro pasos para el momento difícil

No son magia: con práctica, te regalan unos segundos.

1. Haz una pausa con el cuerpo

Deja el celular. Respira lento y cómodo, alargando un poco la exhalación. Al combinar ensayos clínicos sobre respiración, un equipo de investigación vio menos estrés, con un efecto entre pequeño y moderado (Fincham et al., 2023). Si tienes un problema respiratorio o cardíaco, consulta antes con tu médico. Más ideas en 5 básicos para gestionar la ansiedad.

Si te ayuda una guía, prueba STOP, un ejercicio breve inspirado en la atención plena (mindfulness): para, toma aire, observa lo que pasa en ti y prosigue con intención. STOP no ha sido evaluado por sí solo, pero viene de programas de atención plena que sí han reducido el estrés en personas sin diagnóstico (Khoury et al., 2015).

2. Ponle nombre a lo que sientes

“Estoy frustrada”. “Me siento ignorado”. Parece demasiado simple, ¿verdad?

En un estudio de neuroimagen, nombrar la emoción ante imágenes negativas redujo la actividad de la amígdala, una zona ligada a las respuestas emocionales (Lieberman et al., 2007). Se llama etiquetado afectivo. Una revisión posterior concluye que funciona como regulación, aunque no se sienta así en el momento (Torre y Lieberman, 2018). En divulgación se resume como name it to tame it: nómbralo para calmarlo.

3. Mira la situación con otros ojos

¿Hay otra explicación posible? ¿Qué vería desde afuera alguien que te quiere? Eso es reevaluar. Ojo, esto no es “pensar positivo”. Lo que te dolió, dolió. Es abrir un poquito la mirada antes de decidir, y a veces la conclusión será que algo tiene que cambiar.

4. Responde con asertividad

Asertividad es decir lo que sientes y necesitas con claridad y respeto, sin atacar y sin callarte. Se entrena (Speed et al., 2018). Para empezar: “Cuando pasa ___, me siento ___, y me gustaría ___”.

En la vida real: pareja, trabajo y familia

Volvamos al doble check. Dejas el celular y respiras. Nombras: “me siento ignorada y ansiosa”. Reevalúas: “puede estar manejando en hora pico”. Y más tarde respondes: “Cuando no sé de ti en todo el día, me preocupo. ¿Acordamos un mensaje corto?”.

En el trabajo, tu jefe corrige tu informe delante del equipo y el sarcasmo ya está listo. Nombras la vergüenza y la rabia. Después, en privado, le pides que esos comentarios vayan en otra conversación.

En el almuerzo del domingo, la respuesta puede empezar antes: eliges dónde sentarte y llevas lista una frase como “prefiero no hablar de eso hoy”. Eso también es regularte.

Un espacio que se hace más grande

Responder no es convertirte en una versión de ti que nunca se enoja. Es darte un espacio, aunque sea de tres respiraciones.

Habrá días en que el mensaje se envíe igual, en caliente. Respira, pide perdón si hace falta y vuelve a intentarlo.

Cada vez que te das esos segundos, aunque sea uno, le enseñas a tu cuerpo que puede sentir algo enorme sin actuar de inmediato, y eso, con práctica, se vuelve un lugar seguro dentro de ti.

Si quieres practicarlo con acompañamiento, mi agenda está abierta.

Al final, responder es elegirte un poquito más cada vez.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre reaccionar y responder?

Reaccionar es actuar en automático. Responder es darte unos segundos para notar lo que sientes y elegir qué hacer.

¿Reprimir lo que siento es lo mismo que regular mis emociones?

No. Esconder la emoción de forma habitual suele tener costos: el malestar sigue por dentro y las relaciones pueden resentirse. Regular es reconocer lo que sientes y decidir cómo expresarlo.

¿De verdad sirve ponerle nombre a lo que siento?

La investigación sobre etiquetado afectivo sugiere que nombrar la emoción puede ayudar a bajar su intensidad, aunque no se sienta así en el momento.

Referencias

  1. Aldao, A., Nolen-Hoeksema, S., y Schweizer, S. (2010). Emotion-regulation strategies across psychopathology: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 30(2), 217–237. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2009.11.004 (se abre en otra pestaña)
  2. Butler, E. A., Egloff, B., Wilhelm, F. H., Smith, N. C., Erickson, E. A., y Gross, J. J. (2003). The social consequences of expressive suppression. Emotion, 3(1), 48–67. https://doi.org/10.1037/1528-3542.3.1.48 (se abre en otra pestaña)
  3. Fincham, G. W., Strauss, C., Montero-Marin, J., y Cavanagh, K. (2023). Effect of breathwork on stress and mental health: A meta-analysis of randomised-controlled trials. Scientific Reports, 13, 432. https://doi.org/10.1038/s41598-022-27247-y (se abre en otra pestaña)
  4. Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271–299. https://doi.org/10.1037/1089-2680.2.3.271 (se abre en otra pestaña)
  5. Gross, J. J., y John, O. P. (2003). Individual differences in two emotion regulation processes: Implications for affect, relationships, and well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 85(2), 348–362. https://doi.org/10.1037/0022-3514.85.2.348 (se abre en otra pestaña)
  6. Khoury, B., Sharma, M., Rush, S. E., y Fournier, C. (2015). Mindfulness-based stress reduction for healthy individuals: A meta-analysis. Journal of Psychosomatic Research, 78(6), 519–528. https://doi.org/10.1016/j.jpsychores.2015.03.009 (se abre en otra pestaña)
  7. Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., y Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science, 18(5), 421–428. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2007.01916.x (se abre en otra pestaña)
  8. National Institute of Mental Health. (2024). Psychotherapies. https://www.nimh.nih.gov/health/topics/psychotherapies (se abre en otra pestaña)
  9. O’Toole, G. (2018, 18 de febrero). Between stimulus and response there is a space… Quote Investigator. https://quoteinvestigator.com/2018/02/18/response/ (se abre en otra pestaña)
  10. Speed, B. C., Goldstein, B. L., y Goldfried, M. R. (2018). Assertiveness training: A forgotten evidence-based treatment. Clinical Psychology: Science and Practice, 25(1), Artículo e12216. https://doi.org/10.1111/cpsp.12216 (se abre en otra pestaña)
  11. Torre, J. B., y Lieberman, M. D. (2018). Putting feelings into words: Affect labeling as implicit emotion regulation. Emotion Review, 10(2), 116–124. https://doi.org/10.1177/1754073917742706 (se abre en otra pestaña)
  12. Webb, T. L., Miles, E., y Sheeran, P. (2012). Dealing with feeling: A meta-analysis of the effectiveness of strategies derived from the process model of emotion regulation. Psychological Bulletin, 138(4), 775–808. https://doi.org/10.1037/a0027600 (se abre en otra pestaña)

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