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Evidencia científica para la vida real

4 claves para funcionar mejor en pareja

Una relación sana no es la que nunca discute, sino la que aprende a jugar en el mismo equipo. Estas son cuatro claves que uso en consulta, con lo que dice la investigación.

Josseline Chauez

Psicóloga clínica y psicoterapeuta · Magíster en Psicoterapia (UDLA)

Publicado el · Lectura de 7 min

Este artículo es informativo y no reemplaza una consulta profesional. No es un servicio de emergencias. Si estás en crisis o en peligro, llama al ECU 911 (Ecuador) o al número de emergencias de tu país.

Hay parejas que se ven perfectas en las fotos del domingo y, por dentro, cada uno juega su propio partido.

Una relación sana no son solo posts bonitos. Es trabajo: conflictos que se conversan, inteligencia emocional, destrezas de comunicación y, a veces, terapia. No lo digo para desanimarte. Lo digo porque eso significa que se puede aprender.

Me gusta pensarlo con una imagen de fútbol: las relaciones de pareja funcionan cuando se juegan en equipo. Desde ahí nacen estas cuatro claves.

Antes de jugar: química y compatibilidad

Las mariposas también son necesarias. Pero no alcanzan para sostener una vida en pareja.

Un proyecto enorme reunió 43 estudios de parejas seguidas en el tiempo y usó aprendizaje automático para ver qué predecía mejor la calidad de la relación (Joel et al., 2020). Lo que más pesó fue lo que cada persona vivía dentro de la relación: sentir que su pareja estaba comprometida, la apreciación, la satisfacción sexual, percibir que el otro también estaba satisfecho y el conflicto. Los rasgos personales no añadieron capacidad de predicción una vez que se sabía cómo vivía cada uno su relación.

Años antes, John Gottman y Robert Levenson siguieron a 73 parejas casadas. En aquellas donde lo negativo pesaba más que lo positivo al conversar hubo más defensividad, más retirada y más riesgo de separarse (Gottman y Levenson, 1992).

Por eso, cuando eliges pareja, también importa mirar sus valores, cómo te trata y cómo maneja los conflictos. La química puede hacer que empiece una historia. Los valores ayudan a sostenerla.

1. Tarjeta amarilla: atiende las microcrisis a tiempo

Las microcrisis casi nunca hacen ruido. Un poco más de distancia, menos afecto, la atención puesta en el celular o en el trabajo, semanas sin una conversación con intención. Las vamos invisibilizando.

El problema llega cuando empezamos a coleccionar tarjetas amarillas, como quien llena un álbum de cromos, y un día sacamos la roja de golpe. Mientras tanto aparecen la indiferencia, los castigos en silencio y los comentarios pasivo-agresivos.

Comunicar lo que necesitas es tu responsabilidad. Tu pareja no tiene por qué adivinarlo.

Y la forma importa. En un estudio con 124 parejas recién casadas, los primeros tres minutos de una conversación sobre un problema se relacionaron con quiénes se divorciaron seis años después. En esas parejas hubo más emociones negativas y menos positivas desde el arranque (Carrère y Gottman, 1999).

En terapia uso mucho la técnica sándwich, que tiene tres capas:

  1. Algo suave para abrir: “Sé que esta semana ha sido pesada para los dos”.
  2. Lo concreto: “Para mí sería muy importante que recojas la toalla después de bañarte”.
  3. Un cierre amable: “Me ayudaría mucho y sentiría que estamos en el mismo equipo”.

Compáralo con “tú nunca recoges la toalla”. Mismo tema, otro partido. Y si la emoción llega antes que las palabras, lee cómo responder en lugar de reaccionar.

2. Suplentes: hay temporadas en que uno sostiene más

Un desempleo, una maestría, un duelo, la llegada de un bebé, alguien enfermo en la familia. Hay épocas en que uno de los dos sostiene más, en lo financiero o en lo emocional, mientras el otro se recupera.

Reciprocidad, sí. Un 50/50 rígido, contado al centavo, no siempre.

La investigación sobre afrontamiento diádico, es decir, cómo enfrentan las parejas el estrés, va en esa línea. Un metaanálisis con más de 17.000 participantes encontró que afrontar el estrés en pareja se asocia con más satisfacción en la relación. Apoyar al otro y enfrentar los problemas en conjunto se relacionaron más con la satisfacción que, por ejemplo, solo hacerse cargo de las tareas del otro (Falconier et al., 2015). Ser suplente no es solo cubrir; es acompañar. Son correlaciones: no prueban causa, pero dibujan un patrón.

Un aviso importante: esto aplica cuando elegiste a alguien congruente con tus valores. Ser suplente por una temporada nunca significa cargar en soledad con toda la relación. Es corresponsabilidad, no sacrificio permanente. Si sientes que necesitas a tu pareja para estar bien, quizá te sirva leer sobre la dependencia emocional.

3. La misma camiseta: tú y yo contra el problema

En una discusión, el rival no es tu pareja. Es el problema.

Si uno de los dos gana la discusión, la relación pierde.

Ayuda cambiar la pregunta. En lugar de “¿quién tiene la razón?”, prueben con “¿qué necesitamos los dos para resolver esto?”.

Y se vale estar en desacuerdo. Pueden pensar distinto sobre la crianza, sobre en qué gastar o sobre con qué familia pasar la Navidad, y seguir siendo equipo. Las opiniones pueden coexistir.

El amor no tiene que ver con estar de acuerdo en todo. Tiene que ver con renunciar a querer cambiar al otro.

4. Diversión: la clave que más subestimamos

Entre cuentas, tráfico y pendientes, la diversión suele ser lo primero que se cae. Y es de lo que más nutre.

En una serie de estudios, el psicólogo Arthur Aron y su equipo encontraron que las parejas que compartían actividades nuevas y estimulantes se sentían menos aburridas juntas. Y ese menor aburrimiento se asoció con una mejor valoración de su relación (Aron et al., 2000).

No hace falta un viaje caro. Una ruta nueva para caminar, una clase de baile, cocinar algo que nunca han probado o una escapada de fin de semana a Mindo. Reírse juntos también es trabajo de equipo.

Al final del partido

Ninguna pareja juega perfecto. Hay días de tarjeta amarilla, temporadas con suplentes y partidos que se pierden.

Lo que construye una relación no es no fallar. Es volver a ponerse la misma camiseta después de fallar.

Si quieren trabajarlo con acompañamiento, en pareja o de forma individual, pueden agendar una sesión.

Que al final del día el marcador no diga quién ganó. Que diga “nosotros”.

Estas claves salieron de una conversación en Relaciones 360 (Mujer 360, Telesucesos). Puedes ver el segmento sobre estas cuatro claves (se abre en otra pestaña) y el de química y compatibilidad (se abre en otra pestaña) (se abren en YouTube).

Preguntas frecuentes

¿Qué es la técnica sándwich en pareja?

Es una forma de pedir lo que necesitas en tres capas: algo suave para abrir, la petición concreta y un cierre amable. Ayuda a hablar de un problema sin convertirlo en un ataque.

¿Es más importante la química o la compatibilidad?

Las dos cuentan. La química puede iniciar una historia, pero la investigación sugiere que lo que se vive dentro de la relación, como el compromiso, la apreciación y el manejo del conflicto, pesa mucho en su calidad.

¿Está mal que uno aporte más que el otro en una etapa?

No necesariamente. Hay temporadas en que uno sostiene más. Lo importante es que haya reciprocidad en el tiempo y que no se vuelva una carga permanente para una sola persona.

¿Discutir significa que la relación está mal?

No. Toda pareja tiene desacuerdos. Lo que marca la diferencia es cómo empiezan y cómo manejan esas conversaciones, y si las enfrentan como equipo.

Referencias

  1. Aron, A., Norman, C. C., Aron, E. N., McKenna, C., y Heyman, R. E. (2000). Couples’ shared participation in novel and arousing activities and experienced relationship quality. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 273–284. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.273 (se abre en otra pestaña)
  2. Carrère, S., y Gottman, J. M. (1999). Predicting divorce among newlyweds from the first three minutes of a marital conflict discussion. Family Process, 38(3), 293–301. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.1999.00293.x (se abre en otra pestaña)
  3. Falconier, M. K., Jackson, J. B., Hilpert, P., y Bodenmann, G. (2015). Dyadic coping and relationship satisfaction: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 42, 28–46. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2015.07.002 (se abre en otra pestaña)
  4. Gottman, J. M., y Levenson, R. W. (1992). Marital processes predictive of later dissolution: Behavior, physiology, and health. Journal of Personality and Social Psychology, 63(2), 221–233. https://doi.org/10.1037/0022-3514.63.2.221 (se abre en otra pestaña)
  5. Joel, S., Eastwick, P. W., Allison, C. J., Arriaga, X. B., Baker, Z. G., Bar-Kalifa, E., Bergeron, S., Birnbaum, G. E., Brock, R. L., Brumbaugh, C. C., Carmichael, C. L., Chen, S., Clarke, J., Cobb, R. J., Coolsen, M. K., Davis, J., de Jong, D. C., Debrot, A., DeHaas, E. C., … Wolf, S. (2020). Machine learning uncovers the most robust self-report predictors of relationship quality across 43 longitudinal couples studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 117(32), 19061–19071. https://doi.org/10.1073/pnas.1917036117 (se abre en otra pestaña)

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